Mi tía me engaño diciéndome que había sido abusada sexualmente.

Allí estaba ella frente a mí; llorando con amargura, con dolor e impotencia. Sintiendo odio por su tía y no era para menos. Recién había cumplido los 15 años y acababa de tener relaciones sexuales con un muchacho. Este es su caso.

Celina (nombre ficticio), llegó a mi oficina para pedir consejería. Además quería reconciliarse con Dios pero no sabía cómo hacerlo. Tenía poco tiempo en la congregación y por lo general se le miraba callada y alejada del resto de hermanos. Su rostro denotaba sufrimiento y dureza, esa que solo se consigue viviendo en las calles.

Celina. – No sé por dónde comenzar ni cómo decírselo pastor. Conocí un niño que era amigo de una amiga. Salíamos al centro comercial y de vez en cuando nos sentábamos en la acera de la casa para conversar. Él me miraba diferente y decía que yo le gustaba. Pero yo jamás le hacía caso. Al pasar el tiempo me dijo que fuera su novia, pero yo no acepté porque no creo en el amor y siento que el noviazgo es una completa idiotez. – ¿Por qué piensas eso? Le pregunté.

– Porque mi tía me contó que mi papá le decía a mi mamá que la amaba mucho, que era el amor de su vida y la embarazó siendo novios, luego la abandonó. Jamás quiso saber de mí.

Mi mamá por otro lado, cuando me parió, me regalo como se regala un animal.

Como nadie me quiso agarrar, mi tía le dijo:

– Déjala por ahí, si comen los perros puede comer ella.

– Yo sé que Celina no es la única que ha vivido algo así, a lo mejor tú que estas leyendo te ha pasado lo mismo.

– Pastor mi tía me trataba con desprecio, siempre me decía que yo no valía nada, que era una abandonada, que ni mis padres me quisieron, mucho menos ella. Yo le hacia los oficios pero siempre me golpeaba, a sus hijos les daba todo y a mí las sobras. Por otro lado siempre me decía que yo era inservible porque cuando tenía dos años había sido abusada por un hombre ebrio de la calle. Yo lloraba mucho y me maldecía, maldecía mi vida, mi cuerpo y no entendía para qué estaba en este mundo.

Volviendo al caso del muchacho. Éste me invito a su casa, su mamá no estaba. Cuando ya estuvimos un rato solos, me propuso que fuera su mujer. Yo me rehusé pero él me tomó a la fuerza. Mientras forcejeábamos sucedió algo; tuve un pensamiento muy fuerte: yo no valgo nada, fui violada cuando estaba chiquita, mi cuerpo es inmundo, detestable y no vale nada. Por esa razón dejé de oponerme y dejé que el chico hiciera lo que quería.

Yo no lo disfruté, sentí dolor y sangré mucho. Me dio fiebre por dos días. Lo extraño de todo eso es que cuando vi al chico en la calle me dijo:

– Gracias por entregarme tu virginidad.

– ¿Qué? ¿Cómo así? ¿Mi virginidad? Debe estar loco o no sabe de esas cosas.

Pasado unos días visité a mi tía en su pueblo. Nos pusimos a hablar y entre platica y platica le pregunté: tía y ¿Cómo se llamaba el hombre que abusó de mí cuando estaba chiquita? Mi tía, que ahora es una mujer mayor agachó la cabeza, se puso a llorar y me dijo:

– Perdóname, hija, a vos nadie te violó. Yo te decía eso para hacerte sentir mal porque estaba furiosa con tu mamá porque a mí me tocó criarte, pero la verdad es que nadie te tocó jamás.

Pastor, – dijo Celina llorando con amargura. – Le entregué mi virginidad a un desconocido pensando que yo no valía nada, pensando que no era virgen a causa de la violación, pero eso nunca ocurrió. Mi tía me mintió.

Pero lo peor es que ahora no solo perdí mi virginidad sino que le fallé al Señor. Me odio a mi misma. – Se llevó sus manos a la cara y lloraba desconsoladamente.

Yo soy un hombre bastante sobrio que me cuesta llorar con facilidad. (Excepto en la presencia de Dios), pero ese día no podía contener mis lágrimas. ¿Cómo es posible esto? ¿Cómo puede alguien mentirle así a una criatura? ¿Cómo puede haber personas tan malvadas? No habían palabras humanas para consolar a esta joven. Guarde silencio mientras escuchaba el llanto inconsolable de Celina.

Celina, lo único que puedo ofrecerte es a Jesucristo. Solo él puede perdonar tu pecado y sanar las heridas de tu corazón. Heridas provocadas por tus padres, por tu tía, por la sociedad y ahora por ese joven. El engaño y el daño han sido grandes, pero yo creo que puedes ser restaurada a una relación especial con el Señor por el poder del Espíritu Santo. Jesús murió en la cruz por personas como tú y como yo. Él puede hacer el milagro.

Celina abrazó el amor, el perdón y la gracia del Señor. Después de varios días de ministrarle sanidad interior pude ver en su rostro una sonrisa. Se volvió más sociable. Comenzó a servir en la iglesia, se apartó de los malos amigos y Dios comenzó a bendecirla.

Amigos y hermanos. Yo no sé cuál sea tu historia ni todo el dolor y sufrimiento que has experimentado. De una cosa estoy seguro, solo el Señor Jesús puede salvarte, sanar tus heridas, quitar tu dolor y darte consuelo en la tristeza.

¿Quisieras entregarle tu vida al Señor en este momento? Aún hay esperanza para ti. Escríbeme.

Pastor Henry Cerna.

infohenrycerna@gmail.com

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Publicado por Henry Cerna

Siervo de Jesucristo. Ganador de almas. Esposo. Padre de una bella hija. Recorro el mundo predicando el evangelio.

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